—¡Elara! —la voz de Julián, su jefe, retumbó desde la oficina principal.
—¿Aún quieres renunciar? —susurró Julián sin apartar la vista del bebé.—Mañana —respondió Elara con una sonrisa—. Hoy todavía tengo que limpiar su oficina. Un jefe, un bebe y una asistente en problemas- ...
—¿Ayudarlo con la presentación de la junta? —preguntó ella, dejando el café en la mesa. —¡Elara
Elara adjustó sus lentes mientras equilibraba tres carpetas, un café hirviendo y su celular, que vibraba sin descanso. Era lunes por la mañana y el caos ya se sentía cómodo en su escritorio. —¡Elara! —la voz de Julián